En busca de Woody Allen: Un existencialista moderno en un contexto cómico

Estos días he estado leyendo el ensayo “En busca de Woody Allen”, del escritor, cineasta y profesor universitario Ramón Luque.

Lo que sigue no es un resumen de su libro (hay muchos temas en los que Luque profundiza y que apenas aparecen en este post) sino los tips que a mí me han interesado especialmente.

Luque analiza la figura del cineasta desde varias perspectivas.

  • Woody Allen como desacralizador de la cultura
  • Woody Allen como pensador postmoderno
  • Woody Allen como humorista
  • Woody Allen como intertextualizador

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Woody Allen como desacralizador de la cultura

Si la Ilustración encumbró la razón frente a la religión, según explica Luque, el paso del tiempo ha demostrado que la razón tampoco ayuda a entender nada ni mucho menos a ser feliz.

Woody Allen pone en tela de juicio no sólo la razón sino todos los valores comunes que comparte nuestra sociedad. Si esto se erosiona, todo se pone en duda. Allen se plantea si nuestra forma de vivir es la correcta, lo que implícitamente supone replantear nuestra cultura.

Muestra en sus películas a personajes hiperracionales que también dudan de su propia racionalidad porque esta no los lleva a ningún sitio.

Si la modernidad estaba presidida por la racionalidad, los postmodernos llegan a la conclusión de que la razón tampoco sirve. Y es que los personajes hiperracionales de Allen parecen no alcanzar nunca ninguna clase de verdad auténtica. Por eso ataca a los intelectuales (él mismo lo es pero no le sirve de mucho) y se refugia en el placer.

Él es un intelectual que critica a los intelectuales. Como Groucho March, afirma que nunca formaría parte de un club que lo aceptara a él como socio. Sus personajes continuamente se hacen preguntas que les hacen muy infelices. Critica a los intelectuales por su superficialidad (verborrea y poco más) y porque la razón no es suficiente.  Así los ridiculiza.

El mundo está lleno de personas que se comportan como artistas. Algunos tienen un poco de talento, otros no tienen nada, pero todos se comportan como si lo fueran. Si son pintores, imitan a Van Gogh, van a extraños cafés, incluso son capaces de cortarse una oreja, pero no son capaces de pintar, capaces de hacer arte: Viven la bohemia de esa vida, pero no son verdaderos artistas”. Lo dice un personaje de Balas sobre Broadway.

Ejemplo de su crítica a los intelectuales son películas como Manhattan  (los amigos de Diane Keaton están locos, se crean problemas ellos solos y son infelices),  Comedia sexual de una noche de verano (que enfrenta a un profesor que encarna la racionalidad y a un chico que encarna el romanticismo),  Zelig (una película que habla de la necesidad de ser apreciado, pero esa necesidad, llevada al extremo, degenera en el fascismo. El miedo a ser diferente hace que Zelig se vuelva servil) o  Hannah y sus hermanas, donde el cineasta se pregunta: ¿Por qué pensamos tanto?… Pero él mismo no deja de pensar).

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La obra de Allen no ha dejado de evolucionar: Las primeras películas de Woody Allen eran una sucesión de gags sin estructura narrativa. El objetivo era más entretener que hacer crítica social, aunque siempre tenía alguna pretensión intelectual (ciertas críticas a la cultura).  Allen entendía que la comedia debía ser una sucesión de gags que hicieran reír.

Es común en su cine la burla de la religión, la ciencia, los políticos, los grandes líderes… Y frente a todo esto reivindica la búsqueda del placer frente a las convenciones sociales, en la línea de Freud.

Hay una etapa de la carrera de Woody Allen en que trata de hacer “obras serias”, como Interiores u Otra Mujer,  porque él siempre había pensado que la tragedia era un género superior para el que no estaba dotado. El director fue muy criticado cuando empezó a hacer tragedias, porque era lo que él había criticado siempre. Habla de la soledad al estilo de Bergman.

Woody Allen como pensador postmoderno

Podríamos definir a Allen como un pensador postmoderno resultante de la suma del existencialismo, Nietzsche y Freud

Woody Allen existencialista

Según Marc S.Reich,  “Woody Allen es un escritor como Camus pero con sentido del humor, porque el personaje de Woody Allen es un existencialista moderno en un contexto cómico”.

La vertiente más existencialista de Woody Allen se ve en sus personajes: “Un individuo en constante tensión con el mundo en el que vive. Un ser en el mundo que no deja de preguntarse por su existencia, por el sentido de la misma y por el significado de las cosas que componen el mundo. Woody Allen extrema el pensamiento lógico e intenta llegar a algún tipo de verdad transcendente, pero nunca lo consigue”, explica Luque.  Delitos y faltas es su película más existencialista: de desesperación existencial.

Sobre la religión, Allen se muestra como  un moralista agnóstico y ambiguo ante la existencia de Dios. “La leal oposición”, dice en uno de sus films. Cree que si existe no es que sea malo, es que no ha tenido éxito.

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Woody Allen nietzschiano

El filósofo alemán Friederich Nietzsche creía que “todo el que haya alcanzado cierta libertad intelectual aunque sea en pequeño grado, se sentirá como un vagabundo sobre la faz de la tierra y no como un viajero en ruta hacia un destino final”.  Por eso creía que la vida es sufrimiento. Una visión muy en la línea de Allen: pensar duele.

Woody Allen freudiano

Más allá de la cantidad de veces que aparecen psicoanalistas en la obra de Allen, la huella de Freud se deja notar en su obra de muchas otras maneras. El psicoanálisis, recuerda Luque,  se basa en la “libre asociación”, en hablar y hablar para liberar el inconsciente (una gran revolución en aquella época, ya que hasta la llegada de Freud, sólo importaba la consciencia).  Desde la óptica fruediana, la neurosis es normal en la sociedad moderna, es fruto de las contradicciones entre el ser y el querer ser. Por eso el conflicto es inherente al ser humano y no es patalógico.  El psicoanálisis cura mediante la palabra. Hay que aprender a expresar el sufrimiento.

¿Toda la obra de Allen es una sesión de psicoanálisis?, cabe preguntarse.

También por eso tantos chistes, porque como decía Freud, “los chistes son el material psíquico reprimido”.

Woody Allen cínico

Antístenes y Diógenes fueron los primeros cínicos, en la Grecia antigua.  Atacaban a las élites y decían que las cosas importantes de conocer podían ser conocidas por el hombre sencillo. Están cerca del estoicismo pero con burla.  Eran individualistas que no necesitaban sentimientos (en eso no se parecen a Allen, él sí necesita amar).

Los cínicos, además, son figuras urbanas. Existen en la metrópolis pero se rebelan contra ella desde el humor, como hace Woody Allen en el inicio de Manhattan.  Manhattan resume toda la obra de Woody Allen, es una metáfora de toda la obra de Allen.

Woody Allen como humorista

Woody Allen practica, en el humor, la llamada deflación: Unir algo sublime con algo intranscendente.  Así hace reír.

Un ejemplo: “No sólo no hay Dios, sino que… ¡intenta encontrar un electricista en fin de semana”

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Y cree, como dice su personaje en Todo lo demás, que en algunos chistes “Hay más lucidez que en la mayoría de los libros de filosofía”.

El cómico no puede reírse de los demás sintiéndose superior, sino que debe hacerlo de sí mismo. Experto en autohumillación, su personaje es el de un fracasado que concita la simpatía del público porque comparte con ellos problemas y desilusiones.

Arthur Schopenhauer, otro filósofo alemán que aparece frecuentemente en sus diálogos, decía que con la risa nos vengamos de la razón cuando esta no funciona.

Woody Allen como intertextualizador

Luque argumenta por qué Woody Allen debe ser considerado más un escritor que un director de cine: “Allen siempre ha dicho que se considera, ante todo, un escritor. Es incuestionable que su cine es, sobre todo,  literario, en el sentido de que predomina la historia, el guion sobre cualquier otro elemento de la película. Por ello es un considerado un autor y no un tipo de director de cine más convencional”. Allen piensa y trabaja en sus películas como un escritor piensa y trabaja sobre sus novelas”.

Conclusiones

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Reproduzco textualmente tres párrafos de las conclusiones de Ramón Luque que me parecen especialmente significativas de este libro.

“Woody Allen es sobre todo un humorista, pero también un intelectual –antiintelectual que transmite cierto reencantamiento con el mundo – que nos recuerda que “la vida puede ser hermosa a pesar de ser decepcionante – y además nos dice que el valor más importante es nuestra autenticidad: ser uno mismo y mantener la esperanza frente al caos que nos rodea”.

“Woody Allen es considerado un artista que sobre todo hace reír: lo interesante es que nos hace reír mientras nos recuerda los problemas de la existencia y mientras asistimos a las desgracias particulares del personaje que interpreta”.

“En nuestro mundo actual el individuo parece estar más desorientado que nunca. No hay inamovibles principios éticos sino innumerables y diversas voces que nos hablan de lealtades que entran en conflicto y que terminan marcando la poco regulada “condición postmoderna”.

 

En busca de Woody Allen. Sexo, muerte y cultura en su cine.

Ramón Luque, 2005

Editorial Ocho y medio

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