Scoop: Un divertimento menos inocente de lo que parece

Scoop es una de las consideradas obras menores (junto a Cassandra’s Dream) que acompañan a Match Point en la trilogía londinense de Woody Allen, ciudad en la que Allen rodó entre 2005 y 2007.

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Un año después de hacer una película tan bien recibida por la crítica como lo fue Match Point, Scoop tuvo un recibimiento algo diferente:

Llama la atención que el escritor Stpehen Hunter la calificara en el Washington Post como “la peor película que ha hecho Woody Allen”. Algo más benévolo fue el crítico de la revista Rolling Stone: “No es mucho más que una agradable nimiedad. Pero en los soporíferos días del verano, es un lujo revolcarse en una inspirada tontería”, resumió.

Mientras, Manohla Dargis, en The New York Times, optó por una delicada ambigüedad: “No especialmente divertida pero extrañamente atractiva”, dijo acerca de la película.

Y es que efectivamente, Scoop no es una genialidad aunque sí es un buen divertimento (me gusta eso de una “inspirada tontería”.

Amena, ágil, disparatada, Scoop narra las peripecias de una joven estudiante de Periodismo (Scarlett Johansson), a la que un ilusionista (Woody Allen) la invita a subir a un escenario para ser “desmaterializada”. En el transcurso del experimento, a la estudiante se le aparece el fantasma de un periodista recién fallecido que le revela que el “asesino del Tarot” que está aterrorizando a los londinenses es el hijo de un Lord, Peter Lyman (Hugh Jackman).

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El lío ya está servido: La estudiante querrá explotar la exclusiva que tiene entre manos y para ello deberá entrar en el círculo social del presunto asesino, que tiene pinta de todo excepto de asesino. (Aunque, bien pensado, no sabría decir qué pinta tienen los asesinos). Ni que decir tiene que el ilusionista al que encarna Woody Allen la ayudará en su intento de desenmascarar al hijo del lord.

Como era de esperar, la aprendiz de periodista (y de detective) se enamora del rico y guapo noble inglés y se niega a verlo como un asesino. Pero no lo tiene nada claro.

Comedia disparatada tanto en el planteamiento (el “chivatazo” periodístico lo da un fantasma) como en el desenlace (me reservo el spoiler), Scoop deja en la memoria algunas grandes escenas (como el viaje en barco no se sabe bien hacia dónde de la muerte y los recién fallecidos) y algunas otras grandes frases, como esta revisión de lo que es ser pesimista:

-Eres una fábrica de pesimismo compulsivo que siempre ve el vaso medio vacío.
– No, te equivocas. Yo veo el vaso medio lleno … pero de veneno

Cierta visión burlesca sobre las religiones:

– Yo nací en la Confesión Israelí pero de mayor me pasé al Narcisismo.

-¿Tu familia es muy ortodoxa? ¿Crees que aceptarán a un asesino en serie?

Y sobre la gastronomía (y sobre sí mismo).

– ¿Es tu cumpleaños? Te llevaré a un magnífico restaurante, a un gran restaurante. ¿Te gusta el  Big Mac?

Rocambolesca, aparentemente poco arriesgada, Scoop es el juguete con el que Woody Allen juega a reírse de todo: De los ilusionistas y de los periodistas. De la comida rápida y de la lenta. De las religiones y también de la muerte. De la alta sociedad y la comedia negra.

¿Y seguimos considerándola simplemente una “agradable nimiedad”? Creo, sinceramente, que Scoop, sin ser una obra maestra, es mucho más de lo que aparenta.

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