Si la cosa funciona: El mejor Woody Allen del siglo XXI

Minuto 0. Woody Allen empieza fuerte. Dos minutos iniciales en los que expone su visión de la vida, de las ideologías y del ser humano. Así se presenta el personaje principal de la película, Boris Yellnikoff (Larry David), un misántropo, nihilista y pesimista que se considera un genio. Su breve reflexión sobre los credos y las ideologías resume a la perfección lo que Woody Allen ha explicado en metros y metros de cintas de video.

¿Conclusión?

“Somos una especie fallida”.

Presentado Boris, protagonista de la película y alter ego de Woody Allen, queda por explicar sus andanzas desde el momento en que Melodie,  una joven sin hogar procedente del Sur de los Estados Unidos, se presenta en su casa demandando cobijo.   La joven, poco instruida y educada por unos padres muy religiosos, sirve a Boris para confirmar todas sus teorías sobre la estupidez humana y para mostrar su lado más misántropo. Para Boris, Melodie es un gusano subhumano muy inferior a él mismo, cosa que no deja de repetirle. Para ella, Boris es la persona más sabia e inteligente que ha conocido, un benefactor del que tiene mucho que aprender.

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Boris (Larry David) actúa como Pigmalión con Melodie (Evan Rachel Wood)

Así, Melodie se siente cómoda en ese papel de inferioridad frente al genio y se empieza a enamorar de Boris, que actúa sobre ella a modo de Pigmalión, convirtiéndola en una vulgar, torpe y graciosa imitadora de su personalidad. Como era de esperar, la convivencia entre la inculta del Sur y el genio de Manhattan da lugar a más de una situación cómica en la que Woody Allen muestra su destreza para el humor:

“En qué eres un genio”, le pregunta un día Melodie a Boris.

“En mecánica cuántica”, le responde éste.

“Sí, ¿pero en qué campo?, ¿en música?”, cierra ella.

Sin embargo, la espontaneidad de Melodie acaba atrapando a Boris, y la relación acaba en boda. Así lo explica Boris ante la cámara: “Hace un año me casé, y ¿sabéis qué?. No ha sido el peor año de mi vida”,

La película se convierte en este punto en una auténtica comedia de enredos…  

Llega la madre de ella, una provinciana puritana que se escandaliza con la elección matrimonial de su hija y acaba viviendo en un menage a trois con dos amigos de Boris… Y llega el padre de ella… Un homófobo defensor de la Asociación Americana del Rifle que acaba dándose cuenta en una magistral escena del motivo por el que toda la vida ha sido infeliz: su homosexualidad reprimida.

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La madre de Melodie (Patricia Clarkson) no puede creer lo que ve… Aunque pronto le gustaría esto de vivir en Nueva York… 

Con todo el tablero de personajes presentado, faltaba por recolocar las fichas. Melodie se da cuenta de que Boris no está hecho para ella cuando conoce a un joven de su edad que quiere alejarla de él: “Confundes la pesimista desesperación de él con la sabiduría”, le dice.

Y Melodie, que no tiene nada de misántropa, ve la luz:

“Añoro a la gente, incluso a los gusanos y a los minicretinos, porque no creo que sean malos, sólo están asustados”, le dice a su maestro creador.

Boris entiende (a su manera) que Melodie lo esté abandonando:

“Si puedo entender la física cuántica, puedo entender el proceso de raciocinio de una majorette submental”, le dice.

Una vez libre, Boris quiere suicidarse, pero hasta eso le sale mal. O no. En su intento de suicidio conocerá a una mujer de la que se enamorará y todos, Boris y su nueva pareja, Melodie y su novio, la madre de Melodie y sus dos novios, y el padre de Melodie y su novio, acabarán celebrando juntos el fin de año.  

La escena, que le servirá a Woody Allen para volver a mostrar todo su pesimismo, es también una demostración de cómo en Woody Allen los extremos se dan la mano, cómo el nihilismo del personaje se convierte fácilmente en pasión por la vida:

“De ahí que nunca me canse de repetir: Aprovecha todo el amor que puedas dar y recibir, toda la felicidad que puedas birlar o brindar, cualquier medida de gracia pasajera. Si la cosa funciona…”

Y sí, la cosa, aquí, le funciona muy y muy bien a Woody Allen, porque esta película es para mí (y que me perdonen los fans de Match Point), la mejor de las películas que Woody Allen ha hecho en el siglo XXI.  Por varias cosas: la sencillez de sus reflexiones sobre la condición humana, la candidez con la que Melodie copia a su maestro,  la manera cómo Larry rompe la llamada “cuarta pared”, la brillantez humorística de algunos diálogos y la explosión de genialidad final en la escena del padre de Melodie, que pasa de homófobo a gay afirmando que su psiquiatra (ahora va al psiquiatra, claro…) le ha dicho que si era defensor de la Asociación Nacional del Rifle era porque el rifle representaba sus ocultos deseos del órgano masculino.

Cabe decir que si Woody Allen ha sido considerado algunas veces como un cineasta machista es por películas como ésta, en la que el hombre trata con absoluto desprecio a la mujer. Creo, sin embargo, que más que una guerra de sexos, Woody Allen muestra la figura del ser superior (intelectual) frente al inferior (incultura). El hecho de que el intelectual sea un hombre y el ser inferior que debe aprenderlo todo una mujer no se debe al hecho de que Woody Allen sea un machista (ignoro si lo es) sino al hecho de que Woody Allen habla desde su propia perspectiva. Perspectiva, por tanto, androcéntrica.

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