La Rosa Púrpura de El Cairo: “Esclavos de un estúpido guion”

“Los vivos quieren tener una vida de ficción y los personajes de ficción quieren tener una vida real”, dice en un momento de la película uno de los personajes de La Rosa Púrpura de El Cairo, la “fantasía romántica” que Woody Allen dirigió en 1985, justo antes de volver a encumbrarse con Hannah y sus hermanas.

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La Rosa Púrpura de El Cairo cuenta el apasionante episodio que vive Cecilia (Mia Farrow), una camarera de Nueva Jersey que busca huir de su infelicidad y de un horroroso matrimonio a través del cine. Le encanta una película, La Rosa Púrpura de El Cairo, y está enamorada de su protagonista, el explorador Tom Baxter  (Jeff Daniels). Ve la película y una y otra vez hasta que un día el explorador “se escapa” de la pantalla y cobra vida ante los ojos de Cecilia. Empezará en ese momento a vivir fuera de la película.

La escena en que Tom paga con dinero falso creyendo que es de verdad (al fin y al cabo él también es falso) y la del encuentro con el actor que le interpreta, Gil Shepherd, son impagables.  Como también lo es el momento en que Cecilia le habla de Dios, una figura que el personaje desconoce: “Ah, entonces es como los guionistas de la película”, resume Tom.

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Tom Baxter, salido de la película, y el actor que le da vida, Gil Shepherd, lucharán por el amor de Cecilia en una de esas piruetas argumentales de Woody Allen.

Cecilia acaba viviendo un triángulo amoroso y debiendo elegir entre el cándido pero irreal amor de Tom y el interesado y falso amor de Gil Shepherd, que hace creer a Cecilia que también está enamorado de ella para que deje a Tom y éste vuelva a película.

Cecilia acabará perdiendo tanto a Tom como a Gil y volviendo de nuevo al lado de su vago, machista y violento marido, la realidad que le ha tocado. “Te pego sólo cuando te pasas y siempre te aviso”, le dice en un momento de la película su marido, que es la antítesis al hombre dulce y educado que es Tom. Pero claro, Tom era sólo eso, ficción. Una válvula de escape frente a la realidad.

Normal que la película concluya que “somos esclavos de un estúpido guion”. Un guion que seguro que no escribió Woody Allen. De ser así, la realidad sería más divertida, ingeniosa y original.

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